martes, 30 de marzo de 2010
Yapas II
miércoles, 24 de marzo de 2010
Instrucciones para leer el blog
Yapas
La Baguette de María (Taganga), allí hacen unos sandwiches impresionantes, otra fotito para que se deleiten.

Al fin Colombia mía
Una vez del lado de Colombia todo resultó más fácil. La gente te soluciona los problemas, no te los crea. Le dijo Gonza a una persona que llevaba gente en combis si podía llevarnos y dejarnos en el banco de Santa MAarta para pagarles allí porque no teníamos dinero y nos dijeron que sí. Viajamos un poco asustados, pensando que no íbamos a llegar a tiempo. En Maicao fuimos al banco pero no cambiaban cheques, había que ir si o si hasta Santa Marta y arriesgarse con el tiempo. Viajamos un poco preocupados, en Mamatoco nos bajamos junto con uno de los conductores, Julio, y tomamos un taxi hasta el centro de Santa Marta que está a cinco minutos. Nos asustamos porque ya era hora de que cierren los bancos, y así sucedió, el banco estaba cerrado. Nos dijeron que había una sucursal con horario extendido en el supermercado. Yo me quedé con las valijas y Gonza fue con Julio hasta la otra sucursal. Al rato volvió y me dice “lo perdí a Julio, no me cambiaron, qué hacemos?” y me salió la mujer deshonesta, pensé “que bueno que lo perdimos” y dije “tomemos un taxi a taganga, tenemos siete mil pesos, nos alcanza”. Al final todo era un chiste, Gonza había cambiado la plata y ya le había pagado a Julio los pasajes y un viaje hasta Barranquilla para que él pudiera alcanzar la combi nuevamente. Gracias a dios, minutos después estábamos en Taganga, de nuevo en el hostel Bayview, otra vez “en casa”.

El viaje de vuelta
Los cuatrocientos bolivares nos alcanzaban justo para el micro hasta Maracaibo, el carro a Maicao y el otro bus hasta Santa Marta. Nos despedimos de María, no sabíamos como agradecerle todo, ella definitivamente era el alma de la casa. Ni siquiera nos cobró la comida, sólo lo que habíamos arreglado por la estadía, diez dólares (los demás nos cobraban 40 dólares). Llegamos a Maracaibo a las tres de la mañana e hicimos tiempo en la terminal hasta las siete de la mañana que fuimos a negociar con los carros, con quienes los manejaban, para ir hasta Maicao. Nos querían cobrar 140 y sólo teníamos 100. No querían bajar a ese precio, creían que estábamos regateando pero no era así, realmente no teníamos. Encima en ese momento nos enteramos que teníamos que pagar en la frontera 65 bolívares cada uno para salir de Venezuela, así que no nos iba a alcanzar la plata para llegar a Santa Marta. Igual no nos quedaba otra opción que seguir camino y resolverlo allí. Después de estar insistiendo con que no teníamos dinero realmente, nos informaron que había un bus que nos llevaba por menos plata. Detrás de la terminal salían los buses, por 80 viajamos los dos. Durante el viaje hasta la frontera empezamos a planear nuestra salida de Venezuela, la verdad que no sabíamos como hacer rendir la plata y al parecer la única opción era que me quedara del lado venezolano, que Gonza cruzara a cambiar los cheques a tiempo (los bancos cierran a la tarde y estábamos justos con el tiempo, el viaje hasta el banco mas cercano duraba 4:30 horas y eran las 11 am) y volviera a la frontera para que yo pudiese ingresar a Colombia. Al llegar al puesto de pago de la tasa fronteriza, invento del Sr. Chávez, nos dimos cuenta que era mas alejado de la frontera y por ende pagamos la tasa para salir de una maldita vez de Venezuela y que sea lo que dios quiera, nos quedaban 30 bolivarianos, muy poca plata. Ya estábamos en Colombia, no nos importaba nada. Dejamos atrás ese país sucio, con gente aprovechadora (a excepción de cuatro personas), contrabandistas (la nafta la cargaban en los garages de casas cualquieras, tenían bidones allí), policia corrupta. Chávez tiene a su gente en malas condiciones, sin agua, con calles que hacen las veces de basurero. Sé que Argentina no es un país de personas honestas y que hay gente que vive en la miseria pero Venezuela, creanme, está peor.
El desastre
A la mañana siguiente, Lunes al fin, Gonzalo fue a cambiar los cheques. Volvió con la peor de las noticias, no cambian los cheques en Venezuela. Se me paralizó el corazón. La solución que encontramos fue empeñar la filmadora. Era lo que menos nos dolería perder. Averiguamos donde estaban esas casas de empeño y salimos. En El Vigía hace mucho calor y no hay agua, no hay rio, no hay lago, no hay agua en las casas. Nunca tuve tanta necesidad de tomar agua, el cuerpo pedía hidratarse a cada rato. Esto para que se imaginen lo que es caminar por la calle con el calor agobiante y la sed.
Fuimos hasta las casas de empeño pero ninguna compraba filmadoras, todas querían sólo oro. Ante la desesperación Gonza le dijo a una de las chicas del local de empeño que se la dejaba a 400 bolivares (cien dólares), se la regalábamos. Ahí lo pensó, nos dijo que volviéramos en una hora que había una persona interesada. Seguimos camino, pero el calor era tal que decidimos volver al local y esperar allí. Por suerte ya estaba la chica que quería la filmadora, se la mostramos y nos dio el sí, sólo teníamos que esperar al hermano para que trajera la plata, no iba a tardar. Mientras les contamos qué nos pasaba, por qué vendíamos la filmadora. Se ve que les dimos tanta lastima que cuando le pedí un vaso de agua la chica nos dijo que nos pagaba el almuerzo, le dijimos que con el agua estaba bien. La botella nos la bajamos en un minuto, el cuerpo se vuelve una esponja en El Vigía. Al fin teníamos plata, lo justo para volver a Colombia.

La casa de María y Juan
Terrorífica. No quiero ser mala porque ellos resultaron ser dos personas espectaculares, sobretodo María Auxiliadora, la señora de la casa, una dominicana extremadamente amable. El cuarto tenía como cinco o seis centímetros de polvo, una crosta de mugre. Las sábanas estaban limpias. El baño era sucio, la ducha era un balde, literalmente. La cocina se notaba que estaba mugrienta, todos papeles tirados, cosas rotas y desordenadas. No sé cómo explicarles. Era realmente feo pero teníamos techo, ahora lo que me preocupaba era la comida y la bebida. Le pregunté a María si tenía un vaso de agua, nos dijo que tomáramos todo lo que queríamos. Un alivio más, ahí comenzamos a quererla. Al mediodía nos tocó la puerta, justo yo estaba comiendo unas galletas integrales que habíamos traído con nosotros desde Taganga y nos dijo que el almuerzo estaba listo. No lo podíamos creer, María nos había hecho de comer. También nos dio la cena y todo lo que necesitamos. La casa era un desastre pero el corazón grande.
Las fotos, la habitación y la otra el baño, que no tenía puerta... ni luz.
Seguidillas de decisiones equivocadas, parte II
Sacamos los pasajes con los 100 bolvarianos, no nos quedaba ni un centavo. Miles de veces nos había pasado, lo que hacíamos era llegar al lugar, encontrar hospedaje y pagarle al día siguiente. Antes de subir al micro el que acomoda las valijas (no sé si tiene nombre el puesto) nos dijo que el micro no iba a Mérida. Enseguida lo encaramos al vendedor y al chofer, así era.. no iba a Mérida sino a El Vigía. Nos convencieron de que era un pueblo cercano, a 40 minutos de Mérida, que allí había más bancos que en Mérida, que nos convenía ir allí. Solamente teníamos que esperar unas horas a que abrieran los bancos y luego podíamos seguir camino. Dudamos, y viajamos igual. Recién cuando llegamos a El Vigía nos dimos cuenta que era domingo, tendríamos que quedarnos hasta el Lunes allí. Esperamos a que se hiciera de día y nos fuimos a buscar hotel. Comenzamos a desesperarnos cuando nos dimos cuenta que sólo había dos hoteles y ninguno de los dos nos quería hospedar si no pagábamos, nadie quería esperar al día siguiente. La situación nos estaba superando, no teníamos plata para hospedarnos, ni para comer. Me acerqué y le pregunté a un señor que estaba en la puerta de su casa si conocía otro hotel, y gracias a dios nos dijo que él alquilaba habitaciones. Ya teníamos techo.
Seguidilla de decisiones equivocadas
El sábado por la mañana partimos a Venezuela, el destino era pasar un día por Maracaibo y luego Mérida, una pequeña ciudad turística donde nos esperaba la heladería de los 850 gustos. Tomamos un micro hasta la frontera, Maicao, y de allí un carro hasta Maracaibo. No le sacamos foto al auto pero era un modelo super grande, muy viejo, en el baúl entraban seis balijas, y en el carro íbamos seis (aparte del conductor), un poco ajustados. Durante el camino nos recomendaron que no fuéramos a Maracaibo porque es extremandamente peligro. Viniendo de un venezolano tuvimos que hacerles caso y decidimos partir directamente desde la terminal de Maracaibo a Mérida.
Durante el viaje en carro descubrimos que los Venezolanos viven coimeando a los policías, no es como en Argentina que hay un control de vez en cuando y tal vez no te paran. En Venezuela cada media hora hay un control y te piden documentos, te hacen bajar del auto y te revisan las valijas. El dueño del carro nos pidió dos veces plata para coimear a los policías para que no revisaran el equipaje, se ve que son de aprovecharse si ven algo que les parece que no debe entrar o que debía ser declarado. Encima en el carro iba también una chica sin documentos así que las coimas que pagó el hermano de la chica fueron muchas.
Llegamos a la terminal con 100 bolivarianos, no sabíamos si hospedarnos en Maracaibo y salir al día siguiente una vez que hayamos cambiado los billetes o directamente viajar y cambiar cuando llegáramos a Mérida. Elegimos viajar, otra decisión equivocada.
La foto es del micro, roñoso, que nos llevó hasta Maicao en Colombia.
Hotel Bayview
En el hostel conocimos mucha gente buena onda. Marcelo, un argentino que había venido con su amigo Irlandés. Alan y Marcos, que trabajan aquí, colombianos copados. Al irlandés, James, lo conocimos justo el día de San Patricio, flor de borrachera se agarró. También estaba el canadiense Brandon y un sueco Tobías. Todos hablaban muy bien español, o casi bien. Yo más o menos entiendo Inglés pero hablo poco, así que me vino bien que ellos estuvieran entrados en el tema “español”. Tobías nos contó que Venezuela no era un país seguro, justo nuestro próximo destino. Nos comentó que la gente de noche no sale, que apenas baja el sol todos se guardan en sus casa y, en caso de salir, lo hacen en auto hasta el destino, nada de andar caminando por ahí. También nos dijo que la policía anda revisando muy seguido y que si te encuentra con muchos dólares son capaces de sacártelos, por qué? Porque es ilegal cambiar dólares en la calle, y como la gente allí lo hace igual la policía te los retiene por las dudas, por si queres andar en esas tareas ilícitas. La realidad, decía Tobías, es que la mayoría de la gente cambia en la calle porque te dan seis bolivarianos por un dólar y en el banco te dan cuatro. Me recomendó que yo siempre tenga el dinero porque a las mujeres no las revisan tanto. Nos dio un poco de miedo esto de Venezuela pero decidimos ir igual.
Otra vez el paraíso
Queríamos encontrar la manera de llegar a Parque Tayrona, donde dicen que están las mejores playas pero como es un parque cerrado, y hay que pagar entrada, decidimos dejarlo para después y nos fuimos a El Rodadero. Esta a media hora de Taganga. Viajamos en estas busetas que hay acá como transporte público, unas combis bien viejas y destrozadas pero que son baratas y te llevan a todos lados. Como bien nos habían informado, la playa del rodadero es linda pero no es la mejor ni cerquita. Igual la idea no era ir a esa playa sino a una que queda a unos quince minutos en lancha. Acá en el viaje aprendí a regatear, yo la que siempre dijo que no le gustaba hacer eso. La realidad es que acá ponen todo más caro para el turista y no es justo. Querían cruzarnos hasta Playa Blanca (nuestro destino deseado) por 40 mil colombianos -veinte dólares- y se lo saqué por 25 mil ida y vuelta. Lo bueno de andar con el bolsillo justo es que te da la cara para decir que no tenes porque realmente no te alcanza!! El viaje en lancha muy divino, yo lo único que quería era llegar. Esperaba ver arena blanca pero no fue así. Supongo que le dicen Playa Blanca porque sí es verdad que es la arena más clara que vimos hasta ahora. Otra vez el paraíso, nos metimos para probar esa agua tan bonita, y la arena nos tragaba, se ve que era tan gruesa que te hundías. Los pecesitos se veían ahí, nadando con nosotros. Por momentos daba un poco de impresión porque se te acercaban a los pies e increíblemente parecía que se quedaban quietos, nadaban en el mismo lugar, acechando nuestras piernas.
Habíamos arreglado con el señor lanchero que nos pase a buscar a las tres y media, eran las cuatro y no llegaba. Se habían olvidado de nosotros o no le había gustado el precio. Por suerte, y de casualidad, Gonza tenía una foto del señor que nos había traído y se la mostró a las personas que tenían lancha allí en la playa, enseguida nos ubicaron en otra para poder volver. Ahora nos quedaba visitar el último paraíso, Parque Tayrona, pero eso más adelante...
Por fin el paraíso
Y Taganga era lo que buscábamos. Un paraíso, una bahía entre montañas, agua como núnca la había visto. La arena seguía siendo medio rara pero no importaba. Acá el hostel más conocido es La Casa de Felipe, y obviamente estaba lleno. Según Gonza era hermoso, yo me había quedado con las valijas porque no queríamos caminar con ellas. Igual encontramos otro lugar muy lindo también que se llama Bayview, y lo mejor de todo: Tiene pileta!! No hay duda de que lo primero que hicimos fue ir a la playa. Muy bonita pero todavía faltaba ver lo mejor.
Según los Santamarteños, o como se diga, la playa de Taganga, Santa Marta y El Rodadero son feas, las lindas están en los alrededores. Por este motivo días después fuimos caminando hasta Playa Grande, que está al lado de Taganga. Nos habían dicho que había un camino por la montaña. Yo como siempre, cagona, casi no voy porque el camino no era muy prolijo que digamos, había que hacer turismo aventura y para mi hacer equilibrio para subir es bastante dificil por lo torpe que soy. Pero valió la pena! Playa Grande estaba ahí, al otro lado y se veía hermosa. El agua celeste, de esos paisajes de fotografía. Con el calor que teníamos lo primero que hicimos fue meternos en esa agua que era cristalina y fría, un alivio. Después comimos pescado, obviamente. Allí descubrimos por primera vez los patacones. Son plátanos, aplastados y fritos. Les digo que si bien el platano es la banana pero verde no tiene nada que ver el sabor, parece una papa frita. Muy rica. El pescado estaba bien fresco y también venía con un arroz de coco que, a mi que no me gusta el coco en si, me pareció bastante feo pero a Gonza como siempre le gustó.
Camino a Santa Marta
De Medellín partimos a la playa de una buena vez! Cómo ansiabamos conocer una playa paradisíaca. El viaje fue de 12 horas, pero no nos importaba. A quince minutos de llegar nos chocó una camioneta. Nosotros sólo sentimos una frenada, a la camioneta se le aplastó todo el frente, a nosotros no nos pasó nada. El micro era grande y fuerte, je. Llegamos a Santa Marta, era domingo y encima eran las elecciones en Colombia, no había ni un taxi en la calle. Los que pasaban no nos querían llevar, un garrón! Después de media hora de esperar con una temperatura de 40 grados, un calor tan intenso que nunca habíamos sentido, nos paró uno. Fuimos al centro, habíamos reservado en un hostel de por allí. Santa Marta nos pareció bastante feo, pero seguíamos pensando en la playa. Dejamos las cosas en el hostel y lo primero que hicimos fue caminar hacia nuestro lugar tan deseado. Eran ocho cuadras.
Al fin ahí, nos desilucionamos. La arena era oscura y fea, el mar parecía lindo pero cuando nos metimos estaba lleno de basura!! Vasos, papeles, embolturas. Horrible. Justo allí está el puerto, supusimos que era por eso. Volvimos al hostel pensando que nos teníamos que ir de ese lugar. En las tarjetas que teníamos de hospedajes que conseguimos en Medellín descubrimos que muchos hostels quedaban en Taganga, por lo tanto buscamos fotos del lugar, parecía lindo así que no lo dudamos y al día siguiente partimos a Taganga.
Medellín
Llegamos a Medellín después de 18 horas de viaje. El camino fue sinuoso como los de Perú, con un paisaje mucho más lindo. Muchísima selva, casitas pequeñas, humildes. Eran puros verdes, árboles de todos los tonos que existen. Al llegar a la terminal nos acomodamos tranquilos, cambiamos dólares y nos sentamos a comer mientras investigabámos mediante internet y un mapa de la ciudad dónde podíamos quedarnos. La opción fue Palm Tree, un hostel barato cerca del centro. Hasta allí fuimos en taxi.
Medellín también esta en las alturas, en medio de montañas. El paisaje es hermoso, la ciudad es cálida, muy bien organizada. Todo es limpio, y agradable. El primer día descansamos pero el segundo salimos a recorrer la ciudad. Tienen un Metro super moderno y cuidado. No hay escaleras mecánicas (el metro recorre la ciudad por encima de ella, no por debajo, así que hay que subir para tomarlo) y hace mucho calor, así que a los colombianos les gusta cagarse de calor y hacer ejercicio al mismo tiempo, por eso las curvas traseras que tienen, más que en Brasil.
La ciudad esta adornada, hay esculturas, monumentos o estatuas en todos lados, arte de todo tipo. No sabemos si esta tan linda porque ahora juegan unas olimpiadas ahí o si realmente siempre fue así. No importa, nos llevamos una buena impresión. La comida es difícil, todo frito o pollo y papas a la brasa sin sal y un poco insulsas. Les faltan especias o cosas ricas para condimentarlas. Hasta ahora nada supera al Perú en ese aspecto.
Estuvimos pocos días pero descubrimos una ciudad hermosa. Para quien duda de venir a Colombia quiero decirles que, por lo menos en estos lugares, todo es muy seguro, muy bello y la gente te hace sentir como en casa. Hace mucho calor lo único, a prepararse para chivar!!
Quito
El hospedaje quedaba en la parte más top, en la Plaza Foch, ahí está la noche de Quito. Al pedo porque no salimos ni un día. Lamentable. Visitamos un monumento bastante feo, cuadrado, pero con ese encanto de ser justamente La Mitad del Mundo. Aunque supuestamente no lo es. Los ecuatorianos dicen que los franceses se equivocaron al calcularlo y que en realidad muchísimo tiempo antes los nativos lo calcularon correctamente gracias al conocimiento de la astronomía. No sé, nosotros nos sacamos la foto igual.
A Gonza se le ocurrió hacer la excursión al Templo del Sol y al mirador del volcán Pululahua. Subimos a 4050 metros de altura y como estaba nublado no pudimos ver ningún volcán, ni nada a tres metros de distancia. Muy bueno, estábamos literalmente en las nubes. El templo era una mentira, todo para llevarnos a ver las obras de Cristóbal Ortega que fue el que reconstruyó el templo para sacar algo de plata porque sus obras son una cagada. Parece que es el pintor más rápido del mundo según el libro de los records Guiness, no sé, yo no lo conocía. Capaz estoy exagerando pero es que la excursión no estuvo buena.
Al teleférico (otra atracción turistica de la ciudad), que supuestamente es uno de los más altos del mundo, no subimos porque a mi me agarró un ataque gastrointestinal (sé que no les interesa pero esa es la verdad) y a Gonzalo le vino como trompada porque le da miedo la altura.
Comidas, nada raro. Muy parecido a Perú. Capaz el jugo de sandía fue lo distinto. En resumen una linda ciudad, por ahí con pocas atracciones. Las playas de Ecuador dicen que son muy bonitas, tal vez para la vuelta.
viernes, 12 de marzo de 2010
El Perú
Perú en general es un lindo país. Todo es bastante precario pero tiene ciudades muy bellas. Casas pequeñas de colores, calles de piedra como en Cuzco. Grandes morros con casitas muy pintorescas. Balcones raros. Lo que me sorprendió del país es la sociedad en sí. Me ha pasado de ir a un restaurant, preguntar qué tiene un adereso, por ejemplo, y que la persona que me atiende se ruborice, no sepa cómo hablarme, cómo dirigirse hacia mi o hable bajo, con mucha inseguridad, sin mirarme a los ojos. Es muy pero muy poca la gente que sabe relacionarse sin tanta timidez. Hemos encontrado sólo tres personas que nos dieron charla, que se rieron y que sabían llevar una conversación normalmente. Otra cosa que nos puso muy nerviosos es que no escuchan o no comprenden. Fuimos una vez a comer pollo a un lugar X y le pedimos una AGUA MINERAL SIN GAS y no va que nos trae una Inca Kola, (gaseosa), a ver.. entre agua e inca kola o gaseosa hay una diferencia muy grande. Capaz suena como intolerante pero tienen que estar acá y que les pase eso todos los días, porque no es cosa de una vez. Todos hablamos idiomas distintos.
En conclusión debo decir que, sin haber visto el Machu Picchu, lo más interesante de Perú fue la comida. No es algo raro pero la condimentan de tal manera que queda muy sabrosa. Comen mucho y relativamente sano. De perú nos llevamos el recuerdo de dos personitas muy agradables, Nelly y Sally, parece que la clave esta en buscar personas que tengan nombres con doble L e Y. En fin, sobre Nelly ya les hablé (la dueña del Hostel en Lima) y sobre Sally no. Ella es empleada del Interbank de Trujillo, nos cambió los cheques dos veces y nos habló muy simpático, nos recomendó lugares para visitar. Una persona super agradable y atenta. Aquí les dejo la foto para que la conozcan. Lamentablemente de Nelly no tenemos foto, a la vuelta capaz le sacamos.
Buscando trabajo en Trujillo
jueves, 11 de marzo de 2010
Huanchaco y Chan Chan
Trujillo señoras y señores.. (y algunas recomendaciones)
Y llegamos a Trujillo un domingo. Para el que viaje al Perú, debe tener en cuenta que al momento de bajar del micro tiene que respirar hondo y tratar de no putear a todos los taxistas que se te acercan tratando de convencerte que te subas a su taxi y todos los que están a tu alrededor insistiendo con que el hostel que te ofrecen es el mejor del mundo. Salimos corriendo de la terminal y luego de una cuadra nos detuvimos y le preguntamos a un joven que pasaba para donde queda el centro, eran sólo siete cuadras y los taxistas nos querían cobrar cualquier cosa, es la vivesa de aprovecharse del que no sabe nada de la ciudad a la que llega.
Caminamos con las valijas, lo más barato que encontramos después de caminar unas siete cuadras fue el hostel El Mochilero con wifi, agua caliente (muy importante), cocina y baños compartidos. La habitación era pequeña, muy pequeña, Wifi sólo había en el comedor común y el agua salía fría. Pagamos sólo un día y nos la pasamos buscando otro hostel que fuese mejor, este encima era caro por lo que nos daban. El hostel era muy bonito, la cocina y el comedor común era al aire libre con sillones, mesas y hamacas paraguayas pero el servicio era pésimo. Ni hablar que encima cuando estábamos cenando esa noche de repente sentí un golpe en la espalda y cuando miré hacia abajo para ver qué me había golpeado veo que era una rata mediana que había caído del techo, excelente! Esta de más decir que no es recomendable..
Exclu-civa
Cuando viajamos a Trujillo nos pasó algo, capaz no es tan importante pero nos sentimos afortunados por segunda vez (la primera fue cuando conocimos a Nelly y su hostel). Sacamos los pasajes a Trujillo en una empresa llamada CIVA, la misma que habíamos utilizado para ir hasta Lima, que es barata y berreta pero conocida al fin. Resulta que cuando llegamos era la misma empresa pero otra clase. Los asientos eran unos sillones muy lindo y el servicio era cama. Estábamos felices por lo nuevo que estaba el micro y encima te daban almohada y frazadita (que es muy necesaria). Nos acomodamos, estábamos en la parte de abajo, y no va que llega la moza (si, había moza) y nos dice que arriba hay lugares libres, que si queremos pasar. Chicos, arriba es cama suite, la de 180 grados!! Casi nos morimos de la emoción (si, con tan poco...), piensen que venimos viajando de 60 en 60 y encima miles de horas cada viaje. Encima nos pusieron mesita y nos sirvieron comida rica, con un postre de mouse de maracuya muy rico. Vimos la película más extraña del mundo, se llamaba Prueba de fuego, era una película católica lava cerebros (sin ofender a quien es creyente). Se trataba de una pareja que se iba a separar y de gente que le decía al marido pecador que debía seguir el camino del señor, unirse al señor y hacer lo posible por salvar su matrimonio, aunque sea infeliz. Me quedé dormida a la mitad, Gonza me dijo que la pareja al final no se divorció, que el tipo se unió al señor y que ahora eran todos hermanos del mismo padre. En fin, con esas camotas donde estábamos pude dormir todo el viaje como si estuviera en mi propia cama, me desperté en Trujillo, fue el mejor viaje de mi vida.
Circuito de aguas mágicas
En Lima esta el circuito de aguas mágicas, es decir, fuentes con lucesitas de colores, es el más importante de América Latina y el segundo más importante del mundo. Fuimos, obvio. Muy bello, muchas fuentes con diferentes formas y luces. Había una plataforma donde salían los chorros de agua hacia arriba y lo divertido, según pudimos apreciar pero no probar, es meterse uno en esa plataforma y esperar que salga el chorrito para que te moje. Realmente hacia frío para nosotros por eso no lo probamos pero si hubiese hecho la temperatura que hace en Brasil de noche, seguramente no me perdía el chorrito. Había una plataforma con música para niños y otra para grandes, y también una especie de tunel de agua donde podías pasar caminando. Con gonza queríamos pasar por el tunel pero descubrimos que te mojas mucho así que seguimos camino hasta el show de luces que estaba por comenzar. De más esta decir que es increible. Lo más asombroso es que en un momento se arma una especie de cortina de agua donde proyectan videos, con homenajes a Perú. Hasta ahora todos los países que visitamos tienen ese sentimiendo patriotico que la verdad en Argentina no lo percibo. Que lastima, no?
El show duró unos veinte minutos, tenemos filmación así que cuando volvamos la van a poder ver, ni en pedo la subo ahora al blog porque es muy pesada. Quedensé con las ganas gente.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Las catacumbas!!

Lo primero que visitamos en Lima fue La Iglesia de Francisco que tiene el Museo de las Catacumbas. La iglesia es increible, unas cúpulas muy extrañas, techos de madera tallada. Lamentablemente de eso no tenemos foto pero si visitan Lima tienen que pasar. La entrada cuesta sólo cinco soles (menos de dos dólares). Al final del recorrido te llevan a las catacumbas. Primero muestran de lejos las catacumbas lindas donde enterraban a la gente importante y luego las fosas comunes, esas las visitamos de cerca. Vimos muchas calaveras, pelvis, tibias, femur y todos los huesitos del cuerpo de estas personas que en aquella época morían jovenes por gripe o enfermedades que hoy son fáciles de curar.
Tenemos una duda con respecto a la arquitectura peruana. Todos los edificios importantes y viejitos tienen una especie de balcón cerrado (ver foto). No sabemos por qué se usaba así, algún sentido debe tener. Siempre me olvido de Googlearlo, si alguno sabe o quiere investigar esta invitado.
Nelly
Tengo que dedicarle un texto a Nelly y a su hostel. En Lima nos quedamos en el Hostel Iquique y Nelly era su dueña, una peruana, la primera peruana simpática. El hostel es muy recomendable, después de las posilgas donde nos quedábamos esto era más que un lujo, era un cinco estrellas. Servían desayuno, había agua caliente, habitaciones amplias, barato, internet incluído y servicio al cuarto económico. Nelly nos hizo sentir como en casa. Más tarde cuando vuelva a tener Wifi les subo una fotito del Hostel. Gracias Nelly!!