El mejor lugar donde nos hemos hospedado en todo el viaje. Se ubica en medio de árboles, todo verde alrededor. Esta a tres cuadras de la playa, sobre el morro, por eso también nos sentíamos en el medio de la nada, rodeados de selva. La habitación tenía una cama hermosa y súper cómoda y el baño era espectacular. Y encima! Teníamos balcón propio, con una mesa y unas sillas. Estábamos súper contentos, más allá de que el balcón nunca lo usamos. Todas las mañana desayunábamos en la cocina, al aire libre, escuchando sólo el sonido de la naturaleza y quizá la exprimidora. Nunca desayuné tanto en mi vida, sandwich riquísimos, ananá, melón, mango, tostadas con mermeladas, pancitos dulces, tostados, etc y muuucho café con leche. Que felicidad. El dueño de la posada, Leandro, es un hombre muy amable. Nos contó que él vivió mucho tiempo en Florianopolis y que luego se vino a Ilha Grande para poner su posada y su restorán. Y, obviamente, también hace paseos turísticos. Cuando se vive del turismo se puede aprovechar todo tipo de rubros. Nos identificamos mucho con ese señor, creo que sería nuestro sueño poder lograr todo lo que hizo ese hombre. La verdad es que fue absolutamente agradable nuestra estadía allí, en la posada, en Ilha Grande. Es altamente recomendable :)
miércoles, 19 de mayo de 2010
Mi maravilla en el mundo
Creo que estoy enamorada de Brasil. Cada vez que pienso en los lugares que conocí de ese país, que no fueron muchos, me agarra una alegría inmensa. Es que todo lo que vi me encantó, todos los lugares me generaron mucha felicidad y un bienestar que no se puede explicar, es mi segundo hogar. La alegría que tienen es contagiosa, y admirable ya que problemas tienen, muchos. Un Argentino que hace unos meses vive en Ilha Grande nos contó que había visto una entrevista de un joven que vivía en una fabela, que no tenía nada, y que la periodista le preguntó por qué sonreía tanto, a lo que el joven le contestó “no tengo tele, mesa, ni cama.. encima quiere que tampoco sonría?”.
Ilha grande es una gran sonrisa. El lugar es hermoso y tiene variedad de playas. Algunas son lagunas, otras playas con olas fuertes y la frutilla del postre es Lopes Mendes. Nosotros nos hospedamos en Abraao, que es donde se encuentran la mayoría de los hospedajes y esta preparado para el turismo. De allí salen barcos, autos y caminatas hacia todas las playas. Como siempre el primer día uno pierde mucho tiempo buscando un lugar donde dormir. Yo esperaba en la calle sobre el mar y Gonza fue a buscar por los alrededores. Al final fui yo quien consiguió hospedaje, allí paradita me ofrecieron una variedad de posadas, hostels y optamos por una posada que parecía atractiva y era barata. Elegimos la mejor.
Maldito hijo de puta
No se asusten, el viaje estuvo bien, el señor fue súper amable. A mangarativa hay en auto un poco más de una hora de viaje. El taxista tenía una camioneta ford muy moderna, nos mostró de todos modos que estaba asociado al sindicato de taxis. Charlamos todo el viaje, nos fue indicando por donde iba y llegamos a Mangarativa. Muy bonita, una bahía al estilo Taganga pero como cien veces más grande y con muchísima más población obviamente. Nos dejó en el puerto, donde debíamos tomar el barco hacia Ilha Grande. Ahí comenzó todo.
Nos bajamos del auto, sacamos las valijas y gonza se acercó a pagarle. Yo miraba atentamente a ver si el tipo le pedía la plata acordada, y escucho que gonza le dice 120 reales. Es que tiene la maldita costumbre de querer darle más dinero al que es buena onda, yo ya le expliqué que la gente es buena pero no boluda, no te va a llevar a ningún lado si pierde plata, menos quién trata con turistas.
Gonza le da un billete de cien reales y otro de cincuenta y el tipo le explica que no tiene el vuelto para darle, entonces mientras gonza intentaba explicarle que le diera el billete de cincuenta que él iba a conseguir cambio, veo que el tipo con mucho cuidado cambia el billete de cien por uno de dos reales (muy astuto y lo hizo con una mano, casi imperceptible). Entonces obviamente le dice a Gonza que no le dio uno de cien sino uno de dos. Una cólera me agarró, inmediatamente me acerco y en voz alta le digo a Gonza “Le diste un billete de cien pero te quiere cagar, yo vi como lo cambió”. Como verán todavía siento bronca.
El tipo justo ahora no entendía castellano pero habíamos estado hablando todo el viaje. Le discutimos a muerte que nosotros le dimos de cien y el tipo se hacia el boludo de una manera espectacular, casi envidiable. Al final se dio cuenta que no podía cargarnos y nos dio el cambio, los treinta reales que nos correspondían y nos fuimos. Encima tuvo la caradurez de decirnos que nos dejaba el teléfono para que lo llamemos cuando querramos volver a Rio! Hijo de mil puta y la concha de tu madre. Decir que en ese momento uno queda ciego pero le tendríamos que haber sacado el billete de cincuenta de la mano y ninguna propina forro de mierda. Les juro que esto fue lo que más bronca me dio de todo este viaje. Ahh!
Caminamos unos pasos y enseguida un hombre nos gritó “ilha grande”. Allí fuimos, un barco blanco, nos sentamos y esperamos. Salimos como a la hora. Como era feriado el ferri que va siempre no funcionaba, así que el barco particular sale una vez que junta la gente necesaria. El viaje en barco es casi de una hora, muy bonito.
Ay Rio...
A las dos de la tarde salió nuestro bus a Rio de Janeiro. Un modelo bonito, nuevo pero un poco incómodo porque los asientos no se reclinaban mucho y dormir ahí fue complicado. A veces parece estúpido que les hable de los micros pero entiendan que para nosotros el bus es como elegir qué cama comprar. Es nuestro segundo hogar.
Brasil es un país que evidentemente esta creciendo pero Rio de Janeiro es un real problema. Seguramente Copacabana e Ipanema, que ya lo conoceremos más adelante, son hermosísimas pero el resto es triste. Todas las casas que más o menos están bien estructuralmente se encuentran llenas de graffitis (no de los artísticos y vanguardistas, sino de los pandilleros o no sé cómo llamarlos). Es increíble la cantidad de gente que vive en los morros, las casas pequeñas e humildes. Pero lo peor seguramente es la violencia y esa guerra que hay entre traficantes y la policía.
La terminal queda en un barrio bastante feo y no es recomendable andar tomando buses, si alguien anda por allí guárdese algún dinero para tomar taxi y no andar arriesgándose. Nosotros llegamos otra vez un feriado a Rio, hablamos con un taxista que podía llevarnos hasta el aeropuerto para cambiar el resto de los dólares (teníamos que cambiar bastante porque en Ilha Grande -nuestro próximo destino- no hay nada) y después a Mangarativa (allí tomaríamos un barco a la isla) por 100 reales. No teníamos muchas opciones, pero después el taxista nos dijo que probemos de cambiar en Pluma (una de las empresas de micros) y pudimos comprar los reales a buen precio. Con gonza nos daba lastima ahora tener que decirle que no al taxista que nos había ayudado, el viaje en micro nos costaba 70 por los dos, había diferencia pero podíamos darnos el lujo de viajar rápido, en auto y encima ayudar a un trabajador. Fuimos con el taxista hasta Mangarativa, otro error más! No hay que confiar en nadie!!
El hotel galeria y el "Once" de Brasil
Después de llenar nuestra pancita nos fuimos a buscar un lugar donde dormir, algo económico. Nos metimos en un hotel-galeria, A Magia da Moda. Abajo era una galeria con locales de ropa de todo tipo y arriba tenía la misma estructura pero habían transformado los locales en habitaciones y había un baño al estilo club (pero más pequeño), uno para varones y otro para mujeres. Ya estoy tan acostumbrada a dormir en micros que duermo mal en las camas.
A la mañana siguiente dejamos la habitación a las ocho, fuimos de nuevo al shopping y mientras Gonza buscaba cómo llegar a Ilha Grande en el internechi del lugar, yo me fui a buscar cambio. Ahora todo abierto era mucho más fácil. La ciudad es muy grande, y dicen que es la que mayor metro cuadrado de verde tiene por habitante, es verdad. Vi muchísimos locales de compra y venta de ropa, libros, música. Todo super barato, así que cuando volví al shopping nos fuimos a recorrer por los alrededores. Donde estaba nuestro hotel también había una cantidad enorme de locales tipo once, con venta al por mayor y menor. Prendas desde 5 reales, realmente era para comprarse todo. Caminamos bastante, y yo me compré una bikini super barateli con los colores brasileros y una remera también de ese estilo a 7 reales!!! Barato. También encontramos dentro de una de las ferias un restaurant a 13 reales el kilo. Ni lo pensamos, comimos ahí, estaba riquisimo, comida casera y sana.
Luego descubrimos que todos los locales son baratos porque es directo de fabricante. Allí en Goiânia sale la ropa para todo el país. Quien viaje por Brasil recuerde llevar una valija vacía y pasar por Goiânia.
Cambiando el destino..
Durante el camino a Goiânia nos planteamos cambiar el pasaje, en vez de Salvador, Rio de Janeiro. De esa manera íbamos a estar más tranquilos con la plata y, además, cuando nos enteramos que teníamos que gastar otros 600 reales de Salvador a Rio, ni lo dudamos. Si bien era feriado, cuando vimos la terminal de buses pensamos que siendo tan grande y teniendo un centro comercial tenía que haber una maldita casa de cambio. Primero nos dirigimos a la boletería de la empresa que nos llevaría a Salvador. La buena noticia: Nos cambiaban el destino a Rio sin problemas. La mala: Salíamos recién mañana y al ser feriado no había quién nos cambiara dólares. O sea, otras 24 horas sin comer. Lloré.
Preguntamos en todos lados, nadie nos cambiaba y las respuestas eran todas las mismas. No hay nada abierto un feriado. Desesperación, hasta que se me ocurrió preguntarle al muchacho que guarda las valijas. Conocía a alguien que cambiaba, consultó por teléfono pero ya no estaba en la terminal así que le pregunté si no me cambiaba él ya que realmente lo necesitaba porque hacia unas 48 horas que no comía. El chico se apiadó de mi y me dio el sí. Sólo pudo cambiarme 50 dólares pero eso era suficiente, con ochenta reales tirábamos hasta el día siguiente. El joven me pidió por favor que fuera a comer urgente, y así fue. Gonza comió unas hamburguesas de Mc y yo un super sandwich en Subway, te hice el honor agos (aclaración: era un patio de comidas de shopping, no había comida sana).
Camino a Brasil
Para ir a Brasil hay que hacer un largo camino, como el primero que hicimos, de Sao Paulo a Rio Branco pero esta vez sería de Rio Branco a Salvador, que inclusive es más largo. De Cuzco partimos a Puerto Maldonado, un camino terrible, un poco más de lo mismo pero este es de tierra en vez de asfalto. Luego viajamos a Rio Branco, esta vez cruzamos el río, aquel de la balsa, pero de día. Divertido, no tan temeroso como la primera vez, aunque subir y bajar la valijas (aún siendo estas más chicas que las anteriores) todavía era una aventura. Una vez en Rio Branco pasamos la noche allí y a la mañana siguiente fuimos a averiguar por los pasajes, carísimos. El micro salía en ese mismo momento, pagamos en dólares y nos fuimos con dólares en el bolsillo, sólo cuatro reales, error.
El viaje duró dos días y medio y lo único que comimos durante el trayecto fueron unas galletas saladas y un sandwich porque en ningun lugar nos querían cambiar dólares. A todo esto, los dos días y medio de viaje fueron sólo para llegar a Goiânia, de ahí teníamos otro micro a Salvador de más de un día de duración. Pero pensamos: podemos cambiar dinero en Goiânia ya que tiene pinta de ciudad. Y si, es una ciudad enorme pero lamentablemente llegamos un feriado. Todo cerrado.
Los feriados en Brasil son realmente feriados, nadie trabaja. Más adelante un taxista garca nos confirmaría que lo mejor de vivir en Brasil es que se trabaja poco porque hay muchísimos feriados. Nos estábamos muriendo de hambre y yo comenzaba a desesperarme.
Y bueh,,, no tenía que ser...
Lo primero que nos enteramos en Cuzco es que después de la rehabilitación de los caminos para llegar al Machu Picchu lo único que se esta vendiendo al momento es el sector más caro del tren. Los tours no bajaban de 180 dólares por persona y hacerlo sin contratar un servicio, significaba el mismo gasto. Tuvimos que tomar una decisión: el Machu Picchu o la playas de Brasil? El frío, la gente y las experiencias hasta ahora no nos alenataban a quedarnos en Cuzco. Entendemos que en todos lados las entradas para extranjeros siempre son más caras, pero esto nos parecía descabellado: un peruano podía visitar el Machu Picchu por 30 dólares, todo incluído, y nosotros teníamos que pagar una barbaridad. Queríamos sentirnos cómodos, que hiciera calor (allí hace mucho frío y encima dentro de las casas no hay calefacción, gracias que usan un poco de gas para calentarte el agua y algunos ni siquiera eso) y estar con gente agradable. Elegimos Brasil. De todos modos nos quedamos unos días recorriendo Cuzco, quisimos visitar el Cristo Blanco (un cristo parecido al de Rio de Janeiro pero chico) y otras pequeñas ruinas pero también había que pagar un monto descabellado. Brasil allá vamos.
Puaj
El viaje de los cinco días no es muy interesante de contar. Quizá lo único fue que el micro que debía llegar a Cuzco a las once de la mañana, arribó a las siete y media de la tarde. Por qué? Porque primero se averió el bus, llegando a Abancay (a cuatro horas de Cuzco) estuvimos varados en la terminal (si así se le puede llamar a un espacio grande de tierra, con un baño, tres quioscos y ocho boleterías) unas tres horas hasta que apareció otro bus, bastante choto. Veníamos viajando en uno con cama, con servicio de desayuno, aire acondicionado, etc.. y pasamos a un 60, sucio, sin aire. Una calentura de aquellas, no por las condiciones solamente, sino por el retraso y porque no habíamos pagado por ese servicio!! Adelante de mi asiento, en el piso, había un pañal usado, los vasos de gaseosa que le habían dado a la gente tirados en el piso, vomito por aquí, papeles por allá. Entienden? Un asco en serio, piensen lo que quieran de mi pero eso realmente es asqueroso. No termina ahí, después nos quedamos varados otras horitas más porque el camino estaba en construcción. En fin, no pudimos aprovechar el día en Cuzco, y lo más molesto, teníamos que buscar hospedaje de noche. Tuvimos la suerte de que nos ofrecieran algo barato allí en la terminal, nos llevaron al hostel y era potable. Tenía agua caliente que era lo único importante en ese momento, se imaginan... cinco días sin bañarnos.
Foto: Paisaje camino a Cuzco
sábado, 24 de abril de 2010
Lo prometido es deuda
Bueno che, volvimos a Perú. En Taganga no conseguimos nada para laburar así que partimos directamente a Cuzco. Un viaje de micro en micro de unos cinco días. Magnifico, no saben. El peor viaje fue de Lima a Cuzco porque hay muchísimo precipicio y curvas cerradas que son vomitivas. Pero antes de subirnos a ese bus tuvimos la suerte de tener unas horas para recorrer de nuevo la ciudad e ir en busca de lo prometido. La foto de Nelly, la dueña del hostel Iquique donde nos hospedamos el Lima. Encontramos a la genia de Nelly al mediodía y nos invitó a comer. En realidad ella tenía que irse a un almuerzo pero nos dejó en manos de Manuel, su sobrino, que es cheff y nos hizo comida peruana de la buena. De todos modos con Nelly tuvimos la posibilidad de charlar un buen rato, siempre amable y buena onda. Se acordaba de todo lo que le habíamos contado y estaba muy contenta de vernos nuevamente. La pasamos bien en nuestra corta visita por Iquique, nos hubiera gustado quedarnos unos días pero no era posible. Acá les dejo la foto prometida.
jueves, 8 de abril de 2010
Gurpal
Si, no escribí mal, Gurpal. Así se llama otro de los amigos que nos hicimos en Taganga. El flaco es de Londres, y se viajó la vida. En este viaje (porque hizo otros) nos contó que visitó Canada, New York, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Argentina y Brasil. Nos contó que Buenos Aires le gustó mucho e inclusive va a volver antes de su regreso a Londres. Ahora, cómo hizo todo esto? No tengo la menor idea. Lo que sí sé es que tiene una suerte enorme, o es muy talentoso en lo que hace (o vive en un país de primer mundo) Por qué? El señor pidió un año de licencia en su trabajo y se lo concedieron. Yo le preguntaba, pero por qué? (con todo de desesperación) y él simplemente me dijo que hace cinco años que trabaja allí y que aparte el jefe le dijo que no quería que él trabajara en otro banco. Yo no sé qué clase de empleado es Gurpal, pero como persona nos pareció un tipo genial. Gracias por compartir con nosotros este tiempo en Taganga, esperamos que nos visites pronto en Buenos Aires, y si se produce un milagro esperamos verte quizá en Londres.
miércoles, 7 de abril de 2010
¿Perú o Colombia?
Durante el fin de semana en Cartagena tuvimos mucho tiempo para pensar. No estábamos contentos con dejar colombia. Nuestro destino después de Cartagena iba a ser Perú, Chiclayo, para conseguir algún trabajo pero esa idea no nos gustaba. Estábamos arrepentidos de no haber preguntado en Taganga si había algún trabajo para nosotros, nos conformamos con ver que no había carteles que pidieran empleados. Solo el último día vimos que un hostel solicitaba empleada de medio turno. Sabíamos que no habíamos agotado todas las posibilidades allí y eso no nos dejaba tranquilos. Creo que tardamos un par de horas en buscar la información necesaria, hacer cuentas y finalmente modificar nuestro plan. El lunes partiríamos a Taganga con el objetivo de buscar trabajo y sino seguiríamos camino.
Oh!! Que deprimente!!
Nos habían informado que las playas no eran las más lindas del país, aunque casi siempre cuando se habla de Colombia se piensa en Cartagena. De todos modos fuimos a conocer las playas y resultó que al final tenían razón, son malísimas!! Una decepción. Primero encontramos playas extensas, de arena fina color oscuro, un mar bravo y con muchísimo viento, pero quisimos darle una oportunidad. Caminamos un rato para buscar un lugar donde sentarnos, así nos chocamos más adelante con playas angostas, que en la orilla tenían arena negra y el mar parecía del mismo color. Así como veníamos caminando, seguimos caminando y seguimos hasta llegar de nuevo al hostel. La oportunidad duró poco.
Otra vez esos malditos cheques
El segundo día hicimos un recorrido por el centro histórico, pero de día, seguía siendo bello. Y por la tarde nos dedicamos a ir al banco (aquí atienden hasta las siete de la tarde). Resulta que otra vez nos olvidamos que era Semana Santa y el banco estaba cerrado, al día siguiente tampoco estaría abierto porque era viernes santo así que sólo nos quedaba probar el sábado (que también abren). En resumidas cuentas, los sábados la caja de divisas (la que hace cambio de dólares o cheques) esta cerrada, así que en vez de quedarnos dos noches, como teníamos planeado, tuvimos que quedarnos todo el fin de semana, cinco noches en Cartagena. Por suerte esta vez teníamos plata, los cheques los necesitábamos cambiar porque no nos alcanzaba para comprar los pasajes.
Al final esos cheques malditos siempre haciendo que modifiquemos nuestros planes, o peor, dejándonos sin comer! Pronto nos vamos a deshacer de ellos! jo jo jo
La Santísima Trinidad
Durante la caminata nocturna, que tenía como objetivo más que nada conseguir un lugar para alimentar nuestro estómago sin que nos arrancaran la cabeza, descubrimos la Plaza de la Santísima Trinidad, gracias a ella comimos todas las noches.
Allí en la plaza había numerosos puestos para comer con diversos platos: panchos, hamburguesas, bochettes y arepas... pero nosotros comimos sólo:
Tacos y Kebbabs
De pollo, jamón, queso y verduras.
Y pizza, a nuestro pizzero estrella
Yo comía de pollo, Gonza hawaiana
Todo super riquísimoooooooooooo!!!
Cartagena
Llegamos a Cartagena a las seis de la tarde, ya era de noche. Me encargué de llamar a unos hostels que teníamos anotados y reservé una habitación en uno cerca del centro: Casa Venecia.
No esta ubicado en el mejor barrio de Cartagena pero es una zona relativamente barata. En el centro todo es muy caro, dormir en la ciudad amurallada no baja de 50 dólares la noche, y un plato de comida está mínimo unos 30 dólares. Se imaginan que no entraba en nuestro presupuesto. Lo bueno del lugar donde nos hospedamos es que es bien Colombiano. Si bien hay muchísimos hostels, porque en algún lugar tenían que hospedar a los “mochileros” -o valijeros en este caso-, el lugar es poco turístico. De todos modos, queda a tres cuadras del centro histórico, o sea que es bastante cómodo. El primer día dimos una vuelta por la ciudad amurallada pero de noche. Es verdaderamente hermoso, todo estilo colonial, calles angostas, construcciones bajas con balcones adornados con flores de colores.
Y no nos quedó otra...
A la mañana siguiente nos despertamos tarde, debíamos dejar la habitación a las once de la mañana y eran las once menos diez y recién abrímos los ojos. Decidimos quedarnos un día más, podríamos ir a Cartagena dos días, total sólo nos habían recomendado la ciudad, las playas decían que eran feas. Sí, Taganga y Bay View provocan esto, que uno posponga y modifique todo tipo de plan, les puedo asegurar que una vez dentro de Taganga no se puede salir. Inclusive le llaman al pueblo “Sal si puedes”, así que evidentemente no somos los únicos que sienten esta atracción, casi adicción se podría decir.
Gonza se levantó para avisar que nos quedaríamos una noche más y allí vinieron las malas noticias: Nuestra habitación estaba reservada!!! No sabían cómo pedirnos disculpas, lo que sucedió fue que como avisamos que nos íbamos esa mañana, ellos habían reservado la habitación a otras personas. Maldita semana santa. Igual creo que era la única manera de dejar el hostel, nos tenían que obligar, que echar. Juntamos las cosas y nos fuimos esa misma mañana para la terminal. Los micros a Cartagena salen cada media hora, así que tomamos uno a las 13.30. Creo que no hablamos en todo el camino desde Taganga hasta la terminal, estábamos tristes. De todos modos, teníamos que seguir camino. Próximo destino Cartagena.
Cena Despedida
Después de pasar unos lindos siete días, la última noche en Taganga fue un festejo. En realidad estábamos tristes por dejar tan hermoso lugar, y no sólo por las playas y el pueblo, sino también por la gente que conocimos, Alan y Marcos, y por lo bien que nos sentimos en Bay View, el hostel. Fue el primer lugar, desde que comenzamos el viaje, que lo sentimos como nuestra casa. Supongo que por la gente que atiende el lugar, que lo hace con el corazón, la paz (aunque los últimos días días cayeron tres colombianos que se ponían a tomar desde las nueve de la mañana con la música al palo), lo pequeño del pueblo y lo amable que es la gente. Y ni hablar que el paraíso comienza a tres cuadras, unas playas bellísimas.
Volviendo a la última noche, quisimos hacer una cena junto con Alan y Marcos para agradecerles por su amistad. Gonza cocinó un pescado (Pargo rojo) a la parrilla, que lo acompañamos con arroz al ajo, plátano frito y puré de arvejas. Todo salió de maravilla, y disfrutamos mucho de esa cena. Alan andaba yendo y viniendo porque no podía dejar de atender a los huespedes -aclaro nuevamente que Alan y Marcos trabajan en el hostel, Alan por la noche atiende la puerta y todas los pedidos de los huéspedes y Marcos está en el bar-. Mientras charlábamos con los chicos creo que en lo único que pensábamos era en cómo hacer para quedarnos más tiempo, definitivamente queríamos permanecer allí meses. Antes de acostarnos supongo que los dos sabíamos que no nos íbamos a ir al día siguiente..
Bebidas Colombianas

La gaseosa, Colombiana, es otro ejemplo de gaseosa sabor jarabe que parece que fabrican en cantidad en América del Sur, excepto en Argentina (Gracias a Diós!!). De todos modos la que la supera en jarabe y gusto a chicle bebible es Roman kola. Es tan buena como el nombre...
En Colombia tienen una marca de gaseosas que es la Postobon, viene sabor naranja, pomelo, manzana (la bebida es de color rosa!!!) y uva (como la de la foto), es una gaseosa con un rico sabor a fruta -excepto la de uva, que es un caramelo sugus- y levemente gasificada. Bastante bien. Y en cuanto a jugos, el mejor es el Hit, barato y sabroso. Viene en botella de vidrio y tiene muchos sabores, de piña, mango, naranja, tropical -naranja, piña y banano (aquí le llaman en masculino a la banana)-, etc.

En cuanto a las bebidas alcohólicas, cervezas tenemos Aguila (la que toman todos), Pilsen, la que nos acompañaba en Bay View todos los días, y la costeñita, una que se parece a la brama argentina pero un poco más fuerte y viene en una botellita bien pequeña de vidrio color verde. Muy simpática.
También toman mucha agua ardiente y ron, las marcas buenas y conocidas (bacardí-havana club, etc) son super caras (treinta dólares la botella) y las colombianas son malísimas. Lo más interesante es que vienen en cartón, como si fuese cepita.
martes, 30 de marzo de 2010
Yapas II
miércoles, 24 de marzo de 2010
Instrucciones para leer el blog
Yapas
La Baguette de María (Taganga), allí hacen unos sandwiches impresionantes, otra fotito para que se deleiten.

Al fin Colombia mía
Una vez del lado de Colombia todo resultó más fácil. La gente te soluciona los problemas, no te los crea. Le dijo Gonza a una persona que llevaba gente en combis si podía llevarnos y dejarnos en el banco de Santa MAarta para pagarles allí porque no teníamos dinero y nos dijeron que sí. Viajamos un poco asustados, pensando que no íbamos a llegar a tiempo. En Maicao fuimos al banco pero no cambiaban cheques, había que ir si o si hasta Santa Marta y arriesgarse con el tiempo. Viajamos un poco preocupados, en Mamatoco nos bajamos junto con uno de los conductores, Julio, y tomamos un taxi hasta el centro de Santa Marta que está a cinco minutos. Nos asustamos porque ya era hora de que cierren los bancos, y así sucedió, el banco estaba cerrado. Nos dijeron que había una sucursal con horario extendido en el supermercado. Yo me quedé con las valijas y Gonza fue con Julio hasta la otra sucursal. Al rato volvió y me dice “lo perdí a Julio, no me cambiaron, qué hacemos?” y me salió la mujer deshonesta, pensé “que bueno que lo perdimos” y dije “tomemos un taxi a taganga, tenemos siete mil pesos, nos alcanza”. Al final todo era un chiste, Gonza había cambiado la plata y ya le había pagado a Julio los pasajes y un viaje hasta Barranquilla para que él pudiera alcanzar la combi nuevamente. Gracias a dios, minutos después estábamos en Taganga, de nuevo en el hostel Bayview, otra vez “en casa”.

El viaje de vuelta
Los cuatrocientos bolivares nos alcanzaban justo para el micro hasta Maracaibo, el carro a Maicao y el otro bus hasta Santa Marta. Nos despedimos de María, no sabíamos como agradecerle todo, ella definitivamente era el alma de la casa. Ni siquiera nos cobró la comida, sólo lo que habíamos arreglado por la estadía, diez dólares (los demás nos cobraban 40 dólares). Llegamos a Maracaibo a las tres de la mañana e hicimos tiempo en la terminal hasta las siete de la mañana que fuimos a negociar con los carros, con quienes los manejaban, para ir hasta Maicao. Nos querían cobrar 140 y sólo teníamos 100. No querían bajar a ese precio, creían que estábamos regateando pero no era así, realmente no teníamos. Encima en ese momento nos enteramos que teníamos que pagar en la frontera 65 bolívares cada uno para salir de Venezuela, así que no nos iba a alcanzar la plata para llegar a Santa Marta. Igual no nos quedaba otra opción que seguir camino y resolverlo allí. Después de estar insistiendo con que no teníamos dinero realmente, nos informaron que había un bus que nos llevaba por menos plata. Detrás de la terminal salían los buses, por 80 viajamos los dos. Durante el viaje hasta la frontera empezamos a planear nuestra salida de Venezuela, la verdad que no sabíamos como hacer rendir la plata y al parecer la única opción era que me quedara del lado venezolano, que Gonza cruzara a cambiar los cheques a tiempo (los bancos cierran a la tarde y estábamos justos con el tiempo, el viaje hasta el banco mas cercano duraba 4:30 horas y eran las 11 am) y volviera a la frontera para que yo pudiese ingresar a Colombia. Al llegar al puesto de pago de la tasa fronteriza, invento del Sr. Chávez, nos dimos cuenta que era mas alejado de la frontera y por ende pagamos la tasa para salir de una maldita vez de Venezuela y que sea lo que dios quiera, nos quedaban 30 bolivarianos, muy poca plata. Ya estábamos en Colombia, no nos importaba nada. Dejamos atrás ese país sucio, con gente aprovechadora (a excepción de cuatro personas), contrabandistas (la nafta la cargaban en los garages de casas cualquieras, tenían bidones allí), policia corrupta. Chávez tiene a su gente en malas condiciones, sin agua, con calles que hacen las veces de basurero. Sé que Argentina no es un país de personas honestas y que hay gente que vive en la miseria pero Venezuela, creanme, está peor.
El desastre
A la mañana siguiente, Lunes al fin, Gonzalo fue a cambiar los cheques. Volvió con la peor de las noticias, no cambian los cheques en Venezuela. Se me paralizó el corazón. La solución que encontramos fue empeñar la filmadora. Era lo que menos nos dolería perder. Averiguamos donde estaban esas casas de empeño y salimos. En El Vigía hace mucho calor y no hay agua, no hay rio, no hay lago, no hay agua en las casas. Nunca tuve tanta necesidad de tomar agua, el cuerpo pedía hidratarse a cada rato. Esto para que se imaginen lo que es caminar por la calle con el calor agobiante y la sed.
Fuimos hasta las casas de empeño pero ninguna compraba filmadoras, todas querían sólo oro. Ante la desesperación Gonza le dijo a una de las chicas del local de empeño que se la dejaba a 400 bolivares (cien dólares), se la regalábamos. Ahí lo pensó, nos dijo que volviéramos en una hora que había una persona interesada. Seguimos camino, pero el calor era tal que decidimos volver al local y esperar allí. Por suerte ya estaba la chica que quería la filmadora, se la mostramos y nos dio el sí, sólo teníamos que esperar al hermano para que trajera la plata, no iba a tardar. Mientras les contamos qué nos pasaba, por qué vendíamos la filmadora. Se ve que les dimos tanta lastima que cuando le pedí un vaso de agua la chica nos dijo que nos pagaba el almuerzo, le dijimos que con el agua estaba bien. La botella nos la bajamos en un minuto, el cuerpo se vuelve una esponja en El Vigía. Al fin teníamos plata, lo justo para volver a Colombia.

La casa de María y Juan
Terrorífica. No quiero ser mala porque ellos resultaron ser dos personas espectaculares, sobretodo María Auxiliadora, la señora de la casa, una dominicana extremadamente amable. El cuarto tenía como cinco o seis centímetros de polvo, una crosta de mugre. Las sábanas estaban limpias. El baño era sucio, la ducha era un balde, literalmente. La cocina se notaba que estaba mugrienta, todos papeles tirados, cosas rotas y desordenadas. No sé cómo explicarles. Era realmente feo pero teníamos techo, ahora lo que me preocupaba era la comida y la bebida. Le pregunté a María si tenía un vaso de agua, nos dijo que tomáramos todo lo que queríamos. Un alivio más, ahí comenzamos a quererla. Al mediodía nos tocó la puerta, justo yo estaba comiendo unas galletas integrales que habíamos traído con nosotros desde Taganga y nos dijo que el almuerzo estaba listo. No lo podíamos creer, María nos había hecho de comer. También nos dio la cena y todo lo que necesitamos. La casa era un desastre pero el corazón grande.
Las fotos, la habitación y la otra el baño, que no tenía puerta... ni luz.
Seguidillas de decisiones equivocadas, parte II
Sacamos los pasajes con los 100 bolvarianos, no nos quedaba ni un centavo. Miles de veces nos había pasado, lo que hacíamos era llegar al lugar, encontrar hospedaje y pagarle al día siguiente. Antes de subir al micro el que acomoda las valijas (no sé si tiene nombre el puesto) nos dijo que el micro no iba a Mérida. Enseguida lo encaramos al vendedor y al chofer, así era.. no iba a Mérida sino a El Vigía. Nos convencieron de que era un pueblo cercano, a 40 minutos de Mérida, que allí había más bancos que en Mérida, que nos convenía ir allí. Solamente teníamos que esperar unas horas a que abrieran los bancos y luego podíamos seguir camino. Dudamos, y viajamos igual. Recién cuando llegamos a El Vigía nos dimos cuenta que era domingo, tendríamos que quedarnos hasta el Lunes allí. Esperamos a que se hiciera de día y nos fuimos a buscar hotel. Comenzamos a desesperarnos cuando nos dimos cuenta que sólo había dos hoteles y ninguno de los dos nos quería hospedar si no pagábamos, nadie quería esperar al día siguiente. La situación nos estaba superando, no teníamos plata para hospedarnos, ni para comer. Me acerqué y le pregunté a un señor que estaba en la puerta de su casa si conocía otro hotel, y gracias a dios nos dijo que él alquilaba habitaciones. Ya teníamos techo.
Seguidilla de decisiones equivocadas
El sábado por la mañana partimos a Venezuela, el destino era pasar un día por Maracaibo y luego Mérida, una pequeña ciudad turística donde nos esperaba la heladería de los 850 gustos. Tomamos un micro hasta la frontera, Maicao, y de allí un carro hasta Maracaibo. No le sacamos foto al auto pero era un modelo super grande, muy viejo, en el baúl entraban seis balijas, y en el carro íbamos seis (aparte del conductor), un poco ajustados. Durante el camino nos recomendaron que no fuéramos a Maracaibo porque es extremandamente peligro. Viniendo de un venezolano tuvimos que hacerles caso y decidimos partir directamente desde la terminal de Maracaibo a Mérida.
Durante el viaje en carro descubrimos que los Venezolanos viven coimeando a los policías, no es como en Argentina que hay un control de vez en cuando y tal vez no te paran. En Venezuela cada media hora hay un control y te piden documentos, te hacen bajar del auto y te revisan las valijas. El dueño del carro nos pidió dos veces plata para coimear a los policías para que no revisaran el equipaje, se ve que son de aprovecharse si ven algo que les parece que no debe entrar o que debía ser declarado. Encima en el carro iba también una chica sin documentos así que las coimas que pagó el hermano de la chica fueron muchas.
Llegamos a la terminal con 100 bolivarianos, no sabíamos si hospedarnos en Maracaibo y salir al día siguiente una vez que hayamos cambiado los billetes o directamente viajar y cambiar cuando llegáramos a Mérida. Elegimos viajar, otra decisión equivocada.
La foto es del micro, roñoso, que nos llevó hasta Maicao en Colombia.
Hotel Bayview
En el hostel conocimos mucha gente buena onda. Marcelo, un argentino que había venido con su amigo Irlandés. Alan y Marcos, que trabajan aquí, colombianos copados. Al irlandés, James, lo conocimos justo el día de San Patricio, flor de borrachera se agarró. También estaba el canadiense Brandon y un sueco Tobías. Todos hablaban muy bien español, o casi bien. Yo más o menos entiendo Inglés pero hablo poco, así que me vino bien que ellos estuvieran entrados en el tema “español”. Tobías nos contó que Venezuela no era un país seguro, justo nuestro próximo destino. Nos comentó que la gente de noche no sale, que apenas baja el sol todos se guardan en sus casa y, en caso de salir, lo hacen en auto hasta el destino, nada de andar caminando por ahí. También nos dijo que la policía anda revisando muy seguido y que si te encuentra con muchos dólares son capaces de sacártelos, por qué? Porque es ilegal cambiar dólares en la calle, y como la gente allí lo hace igual la policía te los retiene por las dudas, por si queres andar en esas tareas ilícitas. La realidad, decía Tobías, es que la mayoría de la gente cambia en la calle porque te dan seis bolivarianos por un dólar y en el banco te dan cuatro. Me recomendó que yo siempre tenga el dinero porque a las mujeres no las revisan tanto. Nos dio un poco de miedo esto de Venezuela pero decidimos ir igual.
Otra vez el paraíso
Queríamos encontrar la manera de llegar a Parque Tayrona, donde dicen que están las mejores playas pero como es un parque cerrado, y hay que pagar entrada, decidimos dejarlo para después y nos fuimos a El Rodadero. Esta a media hora de Taganga. Viajamos en estas busetas que hay acá como transporte público, unas combis bien viejas y destrozadas pero que son baratas y te llevan a todos lados. Como bien nos habían informado, la playa del rodadero es linda pero no es la mejor ni cerquita. Igual la idea no era ir a esa playa sino a una que queda a unos quince minutos en lancha. Acá en el viaje aprendí a regatear, yo la que siempre dijo que no le gustaba hacer eso. La realidad es que acá ponen todo más caro para el turista y no es justo. Querían cruzarnos hasta Playa Blanca (nuestro destino deseado) por 40 mil colombianos -veinte dólares- y se lo saqué por 25 mil ida y vuelta. Lo bueno de andar con el bolsillo justo es que te da la cara para decir que no tenes porque realmente no te alcanza!! El viaje en lancha muy divino, yo lo único que quería era llegar. Esperaba ver arena blanca pero no fue así. Supongo que le dicen Playa Blanca porque sí es verdad que es la arena más clara que vimos hasta ahora. Otra vez el paraíso, nos metimos para probar esa agua tan bonita, y la arena nos tragaba, se ve que era tan gruesa que te hundías. Los pecesitos se veían ahí, nadando con nosotros. Por momentos daba un poco de impresión porque se te acercaban a los pies e increíblemente parecía que se quedaban quietos, nadaban en el mismo lugar, acechando nuestras piernas.
Habíamos arreglado con el señor lanchero que nos pase a buscar a las tres y media, eran las cuatro y no llegaba. Se habían olvidado de nosotros o no le había gustado el precio. Por suerte, y de casualidad, Gonza tenía una foto del señor que nos había traído y se la mostró a las personas que tenían lancha allí en la playa, enseguida nos ubicaron en otra para poder volver. Ahora nos quedaba visitar el último paraíso, Parque Tayrona, pero eso más adelante...
Por fin el paraíso
Y Taganga era lo que buscábamos. Un paraíso, una bahía entre montañas, agua como núnca la había visto. La arena seguía siendo medio rara pero no importaba. Acá el hostel más conocido es La Casa de Felipe, y obviamente estaba lleno. Según Gonza era hermoso, yo me había quedado con las valijas porque no queríamos caminar con ellas. Igual encontramos otro lugar muy lindo también que se llama Bayview, y lo mejor de todo: Tiene pileta!! No hay duda de que lo primero que hicimos fue ir a la playa. Muy bonita pero todavía faltaba ver lo mejor.
Según los Santamarteños, o como se diga, la playa de Taganga, Santa Marta y El Rodadero son feas, las lindas están en los alrededores. Por este motivo días después fuimos caminando hasta Playa Grande, que está al lado de Taganga. Nos habían dicho que había un camino por la montaña. Yo como siempre, cagona, casi no voy porque el camino no era muy prolijo que digamos, había que hacer turismo aventura y para mi hacer equilibrio para subir es bastante dificil por lo torpe que soy. Pero valió la pena! Playa Grande estaba ahí, al otro lado y se veía hermosa. El agua celeste, de esos paisajes de fotografía. Con el calor que teníamos lo primero que hicimos fue meternos en esa agua que era cristalina y fría, un alivio. Después comimos pescado, obviamente. Allí descubrimos por primera vez los patacones. Son plátanos, aplastados y fritos. Les digo que si bien el platano es la banana pero verde no tiene nada que ver el sabor, parece una papa frita. Muy rica. El pescado estaba bien fresco y también venía con un arroz de coco que, a mi que no me gusta el coco en si, me pareció bastante feo pero a Gonza como siempre le gustó.
Camino a Santa Marta
De Medellín partimos a la playa de una buena vez! Cómo ansiabamos conocer una playa paradisíaca. El viaje fue de 12 horas, pero no nos importaba. A quince minutos de llegar nos chocó una camioneta. Nosotros sólo sentimos una frenada, a la camioneta se le aplastó todo el frente, a nosotros no nos pasó nada. El micro era grande y fuerte, je. Llegamos a Santa Marta, era domingo y encima eran las elecciones en Colombia, no había ni un taxi en la calle. Los que pasaban no nos querían llevar, un garrón! Después de media hora de esperar con una temperatura de 40 grados, un calor tan intenso que nunca habíamos sentido, nos paró uno. Fuimos al centro, habíamos reservado en un hostel de por allí. Santa Marta nos pareció bastante feo, pero seguíamos pensando en la playa. Dejamos las cosas en el hostel y lo primero que hicimos fue caminar hacia nuestro lugar tan deseado. Eran ocho cuadras.
Al fin ahí, nos desilucionamos. La arena era oscura y fea, el mar parecía lindo pero cuando nos metimos estaba lleno de basura!! Vasos, papeles, embolturas. Horrible. Justo allí está el puerto, supusimos que era por eso. Volvimos al hostel pensando que nos teníamos que ir de ese lugar. En las tarjetas que teníamos de hospedajes que conseguimos en Medellín descubrimos que muchos hostels quedaban en Taganga, por lo tanto buscamos fotos del lugar, parecía lindo así que no lo dudamos y al día siguiente partimos a Taganga.
Medellín
Llegamos a Medellín después de 18 horas de viaje. El camino fue sinuoso como los de Perú, con un paisaje mucho más lindo. Muchísima selva, casitas pequeñas, humildes. Eran puros verdes, árboles de todos los tonos que existen. Al llegar a la terminal nos acomodamos tranquilos, cambiamos dólares y nos sentamos a comer mientras investigabámos mediante internet y un mapa de la ciudad dónde podíamos quedarnos. La opción fue Palm Tree, un hostel barato cerca del centro. Hasta allí fuimos en taxi.
Medellín también esta en las alturas, en medio de montañas. El paisaje es hermoso, la ciudad es cálida, muy bien organizada. Todo es limpio, y agradable. El primer día descansamos pero el segundo salimos a recorrer la ciudad. Tienen un Metro super moderno y cuidado. No hay escaleras mecánicas (el metro recorre la ciudad por encima de ella, no por debajo, así que hay que subir para tomarlo) y hace mucho calor, así que a los colombianos les gusta cagarse de calor y hacer ejercicio al mismo tiempo, por eso las curvas traseras que tienen, más que en Brasil.
La ciudad esta adornada, hay esculturas, monumentos o estatuas en todos lados, arte de todo tipo. No sabemos si esta tan linda porque ahora juegan unas olimpiadas ahí o si realmente siempre fue así. No importa, nos llevamos una buena impresión. La comida es difícil, todo frito o pollo y papas a la brasa sin sal y un poco insulsas. Les faltan especias o cosas ricas para condimentarlas. Hasta ahora nada supera al Perú en ese aspecto.
Estuvimos pocos días pero descubrimos una ciudad hermosa. Para quien duda de venir a Colombia quiero decirles que, por lo menos en estos lugares, todo es muy seguro, muy bello y la gente te hace sentir como en casa. Hace mucho calor lo único, a prepararse para chivar!!